Pues ahora que ya nos hemos presentado formalmente y el alcance de nuestro blog es universal... ha llegado el momento de pasar a la acción. Es decir, hacer aquello que nos empujó a participar en tamaña empresa: debatir sobre cine. Y si la crítica de "Nine", o tal vez la de "Invictus", hizo creer a alguien que íbamos a ser tan esnobistas como para hablar únicamente de próximos estrenos, ya puede ir buscándose otro blog, que a decir verdad los hay a patadas. Tantos como enlaces en este encabezamiento, de hecho. Así que vamos a lo que vamos: hoy voy a hablaros de "INLAND EMPIRE" (sí, con mayúsculas), esa película que entró de rebote en mi lista y que pedía a gritos una opinión más dilatada. ¡Leed más »!
"INLAND EMPIRE" (2006)
No sé muy bien por dónde empezar. La perspectiva de escribir sobre esta, ejem, película me inspira casi tanto pánico como la de volver a verla.
El otro día ya comenté lo que consideré más reseñable de ella, así que para empezar disculpadme si aprovecho el material y repito alguna frase. Bien... allá voy.
Al ver una película de David Lynch se experimenta algo similar que al contemplar un cuadro de Salvador Dalí o leer un libro de Boris Vian, y no elevo a este genio a la altura de esos otros dos por simple caridad. He tenido la oportunidad de hacer las tres cosas y doy fe de que el efecto es prácticamente idéntico: desatan la incomprensión de la esencia humana y, si lo consentimos, reinventan nuestra maleable interpretación del mundo que nos rodea, tendiéndonos un enfoque absolutamente inédito pero igualmente válido. Y este director de mente retorcida y peinado ilógico ha dedicado toda su carrera a escudriñar los recobecos más ambiguos de tanto su alma como la de la humanidad en busca de lecturas atípicas de nuestra existencia.
"INLAND EMPIRE" ha hecho añicos mi concepto del cine. A esta película hay que darla de comer a parte, no puede equipararse a ninguna otra que se haya hecho nunca. Juega en un estadio distinto con unas reglas desconocidos, y pertenece a una dimensión diferente, de la que nunca habíamos oído hablar. Cuesta creer que sea obra de un ser humano.
Y sin embargo, constituyendo lo que podría denominarse como "La paradoja de Lynch", este largometraje es uno de los más controvertidos de la historia. David tortura a sus detractores con tres horas de desvaríos que no sabrán cómo criticar, y al mismo tiempo alimenta este sector con la deserción de muchos de sus simpatizantes, y es que "INLAND EMPIRE" sobrepasó los límites de incluso sus seguidores más acérrimos. Cualquiera de sus trabajos anteriores se antoja comprensible, sencillo e incluso inocente en comparación con éste. Y cualquiera que los haya degustado sabrá que eso son palabras mayores.
Partiendo de esta premisa, no puedo defender una película incomprensible escudándome en que es una incomprendida, argumento que en cualquier otra situación resultaría suficiente. Decir que este delirium tremens no dejará indiferente a nadie es un eufemismo patético -y excusable, puesto que la película contagia su estupidez al espectador-, porque la realidad es que si sobrevives a su visionado es inevitable que te arrebate cualquier pensamiento racional y hasta el menor atisbo de lucidez. El tiempo que perdurará este efecto variará en función de la admiración que cada uno profese hacia este director, pero nadie está inmunizado.
Es inútil y una grosería hablar de argumentos, aunque voy a intentar esbozar lo que podría considerarse "la trama": una mujer llamada Nikki (interpretada por Laura Dern, de la que por supuesto hablaré más adelante) recibe una oferta para participar en el remake de una película que en su día no llegó a completarse. Cuando comiencen los rodajes, la ya de por sí extraña vida de la actriz se transformará en un absurdo.
... y esto es todo lo que soy capaz de decir sobre la historia de "INLAND EMPIRE", esta indescriptible entelequia de la que no puedo parar de hablar a pesar de no estar diciendo nada. Indescriptible, sí, pero no por eso voy a privarme de hacer el consabido esfuerzo, mucho menos ahora que ya se me han ocurrido más adjetivos: hipnótica, enfermiza, reveladora, nociva, insufrible, radiactiva, vulgar... y hasta aquí llega de momento este fútil despliegue de verborrea, porque ni estas palabras ni ninguna otra conseguirá sintetizar lo que es esta película en todo su esplendor.
La carestía de argumento a simple vista puede antojarse una carencia imposible, pero como en casi todas las obras de Lynch -y ahora más que nunca-, no es así. Ante todo, la película no se puede ni debe intentar entender, ni siquiera interpretar, porque se corre el riesgo de perderse para siempre en su estructura laberíntica. Aunque es cierto que si has visto la miniserie 'Rabbits', de pronto todo cobra sentido...
Aunque precisamente ese es el mayor acierto de la película. Lynch ha demostrado irrefutablemente aquí aquello en lo que llevaba insistiendo durante toda su carrera: que las preguntas son mucho más interesantes que las respuestas. Y que la creencia popular de que deben ser contestadas es errónea.
Otro de sus logros es el dominio de un poder de sugestión exagerado. De este usufructo es responsable una atmósfera perturbadora, que se beneficia de la banda sonora -o dicho de otro modo, el sonido ambiental-, que corre a cargo del propio Lynch (que con la ausencia de Angelo Badalamenti probablemente perseguía otorgarle un cariz aún más extraño a la cinta) para introducir al espectador en escenarios agorafóbicos.
Es así que me mantiene inquieto e hipnotizado en todo momento, y en ocasiones incluso consigue aterrorizarme.
Las tres horas de metraje me resultan insoportables, pero sorprendentemente no interminables. Lynch doblega el tiempo para otorgarle a su historia un compás a ratos imperecedero y de vez en cuando efímero.
Es así que me mantiene inquieto e hipnotizado en todo momento, y en ocasiones incluso consigue aterrorizarme.
Las tres horas de metraje me resultan insoportables, pero sorprendentemente no interminables. Lynch doblega el tiempo para otorgarle a su historia un compás a ratos imperecedero y de vez en cuando efímero.
No es posible destacar ningún momento en concreto de esas tres horas, porque cada segmento de esta masa amorfa es igual de repugnante y brillante que el anterior. Todo el trayecto podría ser en realidad una única escena, o tal vez la repetición de la misma desde muchos puntos de vista.
Pero precisamente esa atmósfera que mencionaba antes, ese ambiente rancio que envuelve paulatinamente la historia, arroja a determinados sucesos mucha más relavancia de la que normalmente se le atribuiría. Consigue que todo resulte fascinantemente incomprensible e incomprensiblemente fascinante. Es capaz de sorprender con la aparición de un destornillador; de aterrar con una lámpara iluminándose.
Única y exclusivamente por eso puedo permitirme mencionar algunas secuencias, aquellas que mejor dominan la inspiración de sugerencia, desconcierto, patetismo... y viceversa: la conversación entre Nikki y la vecina al principio (¿o era al final?), el denso diálogo de los vagabundos tras el triunfo del destornillador o el asesinato del fantasma, tal vez el momento más turbio de la cinta.
En situaciones como las susodichas, uno no puede evitar preguntarse si la pedantería de Lynch conoce límites.
Del reparto muy poco se puede comentar, puesto que esta pelícua requiere de sus actores una dimensión interpretativa distinta a la ordinaria. Está pertrechado por figuras tan eminentes como Laura Dern, Jeremy Irons o Justin Theroux, así como otros más bien desconocidos y de nombre impronunciable.
El que Lynch acuda a su actriz fetiche para perpretrar su quimera más absurda ya debería hablar por sí sólo, pero para comprender lo incontestable de su elección es imperioso haber degustado el recital interpretativo del que Laura Dern es autora en esta película, donde más que una actriz parece un instrumento de expresión artística. Son muy pocos los temerarios que se atreven a ponerse bajo las órdenes de este director, y menos aún los que saben dar forma a sus enfermizos axiomas, pero ella sin lugar a dudas es uno de estos advenedizos.
En fin: si habéis visto esta película, probablemente entenderéis a qué me refiero. Si no... espero haberos convencido para hacerlo. Si deseáis iniciaros en el rocambolesco mundo de Lynch y no sabéis cómo, mi recomendación es que lo hagáis con la serie 'Twin Peaks', "El hombre elefante", "Corazón salvaje" o "Una historia verdadera", sus historias menos polémicas y más accesibles. Si para entonces ha conquistado vuestra admiración y queréis escalar otro peldaño, podéis aventuraros en sus universos más oscuros ("Carretera perdida", "Mulholland Drive"...). Y al final, obligatoriamente en última instancia, "INLAND EMPIRE". No solo porque sea la obra maestra del genio, sino porque es imprescindible haber consumido la filmografía de Lynch para asimilarla en toda su magnitud, pues reune las peculiaridades más ilustres de alguna de sus obras anteriores: el culto al subconsciente de "Cabeza borradora", el viscerismo onírico de 'Twin Peaks', la pasión de "Corazón salvaje", la búsqueda de la identidad de "Mulholland Drive" y los conejos de 'Rabbits'. Una combinación que resulta en la película más extraña que he visto nunca.
Atentos a esas 10 estrellas con las que he calificado a la película ahí arriba, porque probablemente sea una puntuación que no se repita nunca...
Y para terminar, me gustaría concluir diciendo que Lynch es el McGuiver del cine: con tan sólo una cámara de vídeo y una actriz, ha hecho realidad el sueño de los surrealistas. Y ha quedado tan satisfecho con el resultado que, según ha asegurado, sus próximos trabajos se filmarán con la misma técnica. Aunque después de haber visto "INLAND EMPIRE", ya no considero necesario que Lynch vuelva a dirigir algo en lo que le queda de vida, no me parece que tenga nada más que añadir a su legado. ¿Cuántos directores han logrado ejecutar una película totalmente perfecta, en el sentido más absoluto de la palabra, sin ningún resquicio que sea posible criticar? Ni el sabio Kubrick... ni mi venerado Tarantino... ni el más inspirado de los Eastwood... ni Chaplin, a quien le debemos el título del blog... ni siquiera Francis Ford Coppola y su incalculable Padrino. Que yo sepa, sólo Lynch. Si existe la perfección, es esta película.
No estoy dramatizando, lo creo firmemente. Voy a necesitar que transcurran muchos años antes de poder enfrentarme de nuevo a "INLAND EMPIRE". O es posible que nunca me atreva a hacerlo.








tsss es una pelicula mu maliya pero tu critica es mu buena pixa a ve si segis sorprendiendons cn est criticas jejeje bye
ResponderEliminares buena
ResponderEliminarLas películas de Lynch son fabulosas, yo no dudo que lo haya hecho un ser humano, sólo que es un tanto difícil entender su conceptualización , es un hombre extraordinario con pensamientos geniales que aparecen en pantalla grande. Lo que más me agrada de él, es que, de cierta manera tiene ya actores definidos con los que trabaja, un ejemplo es Justin Theroux con quien hizo también Mulholland Drive, claro que este joven ya está en otros proyectos televisivos como la serie The Leftlovers, grandiosa por cierto.
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